Rivage Bal Harbour: lujo en construcción y transformación urbanística en Miami

En el exclusivo enclave costero de Bal Harbour (al norte de Miami Beach), avanza a paso firme la construcción de Rivage Bal Harbour, un nuevo desarrollo residencial ultralujoso que está generando gran expectación. Este proyecto, concebido como un edificio boutique de solo 24 pisos frente al mar, representa el primer condominio de gran lujo que se edifica en Bal Harbour en más de una década. Su progreso significativo en obra –con cimientos completados y la estructura comenzando a elevarse– señala no solo la confianza en el mercado inmobiliario de alto nivel en Miami, sino también la evolución urbanística de una zona tradicionalmente conocida por su exclusividad y bajas alturas.

A continuación, exploramos las características de Rivage Bal Harbour, los avances en su construcción, su contexto internacional en cuanto a residencias de lujo frente al mar, y cómo encaja este proyecto en la transformación urbana y económica del sur de Florida.

El proyecto Rivage Bal Harbour y sus características

Rivage Bal Harbour es sinónimo de lujo discreto y exclusividad. A diferencia de las torres de gran altura del centro de Miami, Rivage se enfoca en ofrecer privacidad y amplitud en un entorno más boutique. Contará con únicamente 56 residencias ultra-premium, denominadas por los desarrolladores como “sky villas” dada su generosa dimensión y sensación de casa en el cielo. Las unidades oscilarán desde aproximadamente 3.300 pies cuadrados hasta casi 13.000 pies cuadrados (entre 300 y 1.200 m²), tamaños extraordinarios que en algunos casos equivalen a mansiones, pero verticales. De hecho, cada residencia dispondrá de acceso por ascensor privado y garajes individuales dentro del edificio, algo poco común incluso en el segmento de lujo, garantizando a los dueños máxima comodidad y seguridad al entrar y salir de sus hogares.

El diseño arquitectónico lleva la firma de la prestigiosa firma Skidmore, Owings & Merrill (SOM), responsable de numerosos rascacielos icónicos en el mundo. En Rivage han optado por una estética contemporánea de líneas limpias y fachada acristalada, buscando integrar el edificio con el espectacular entorno natural. La torre se ubicará entre la Intracoastal Waterway y 200 pies de frente de playa virgen, aprovechando vistas duales: hacia el oeste, las tranquilas aguas de la bahía de Biscayne; hacia el este, el vasto océano Atlántico. Las terrazas privadas de cada residencia (de 10 a 12 pies de profundidad, alrededor de 3-4 metros) están diseñadas para brindar vistas directas al mar desde cada unidad, realzando el valor escénico de la vida en Rivage.

En cuanto al interiorismo, se ha convocado a Rottet Studio –firma reconocida internacionalmente– para los diseños interiores, garantizando acabados de la más alta calidad y elegancia atemporal. Cocinas italianas a medida (con electrodomésticos Sub-Zero y Wolf de última generación), baños revestidos en piedra natural con detalles personalizados, techos altos de 3+ metros con ventanales piso a techo, y vestidores amplios en cada dormitorio, son estándar aquí. Cada detalle busca crear una atmósfera de sofisticación tranquila, donde el lujo no es ostentoso sino se aprecia en la calidad y el diseño meticuloso.

Por supuesto, las amenidades comunes estarán a la altura de un resort privado. Rivage destinará más de 2.300 m² (25.000 pies²) a instalaciones de bienestar y entretenimiento. Entre ellas destaca un pabellón de fitness de última generación, un spa tipo hammam con piscinas de inmersión frías y calientes, salas de masajes privadas, canchas al aire libre de pickleball y paddle, y espacios sociales como un elegante lounge para residentes con chef privado disponible. Para familias, habrá sala de juegos infantil y simulador de realidad virtual. Adicionalmente, se ofrecerán servicios de conserjería y mayordomo 24/7, típicos de un hotel cinco estrellas, pero en un entorno residencial. Todo esto busca posicionar a Rivage como el edificio más lujoso jamás visto en Bal Harbour, una afirmación respaldada por los desarrolladores.

Avances en la construcción: un hito en Bal Harbour

La construcción de Rivage Bal Harbour comenzó oficialmente en septiembre de 2024 con una ceremonia de inauguración (groundbreaking) que contó con la presencia de autoridades locales, incluido el alcalde de Bal Harbour. Desde entonces, las obras han avanzado con rapidez. Para finales de 2025, el proyecto reporta progresos significativos en cimentación y estructura: se completó la colosal losa de cimentación (mat foundation) –un paso crítico para edificios en suelos arenosos costeros– y se levantaron los primeros niveles de estacionamiento y amenities, sirviendo de podio para la torre. Ingenieros destacaron que se instalaron avanzados sistemas de temporal bracing (apuntalamiento temporal) para asegurar la integridad de la excavación durante esta etapa inicial. Una vez asegurada la base, la grúa torre ya se eleva en el sitio, iniciando el ascenso vertical de los pisos residenciales.

Imágenes recientes del sitio (difundidas en redes sociales por agentes inmobiliarios) muestran la fortaleza de los pilotes y pilares de concreto armado sobresaliendo a nivel del suelo, preludio de la elevación de la estructura principal. Se reporta que la obra ha superado la fase de subsuelo y pronto se podrán ver niveles sobre la calle, marcando un cambio en el paisaje de Bal Harbour. La empresa contratista Coastal Construction Group, con vasta experiencia en proyectos costeros de lujo, lidera la construcción y mantiene el cronograma con miras a una entrega en 2027. Esto implica aproximadamente 2 años más de trabajo, un ritmo relativamente ágil considerando el alto nivel de detalle y personalización que requiere un proyecto de esta naturaleza.

Un indicador de confianza en Rivage es que, pese a estar aún en obra, el desarrollo logró asegurar un préstamo de construcción de USD 424 millones a fines de 2024, uno de los mayores financiamentos para condominios en Miami recientemente. Además, las ventas van viento en popa: se informó que ya está 45% vendido para esa fecha, lo cual es notable dado que las residencias oscilan probablemente en varios millones de dólares cada una (no se han divulgado precios públicamente, pero medios estiman desde USD ~$5 millones las unidades más pequeñas a más de $30-40 millones los penthouses). Este alto porcentaje de preventas sugiere que compradores de élite –muchos de ellos probablemente provenientes de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica– confían en el proyecto y desean asegurar su “villa en el cielo” en Bal Harbour antes de que esté listo.

Para Bal Harbour como comunidad, ver grúas de construcción nuevamente es algo inusual en años recientes. Este pequeño municipio de apenas 3.000 habitantes es conocido por su carácter exclusivo y discreto, con edificios residenciales de lujo pero relativamente bajos (la mayoría entre 12 y 25 pisos, conforme a regulaciones locales). El último gran desarrollo nuevo fue Oceana Bal Harbour, un condominio de 28 pisos completado en 2017. Es decir, habían pasado casi 8 años sin novedades inmobiliarias de este calibre. De ahí que Rivage sea visto como un evento en la zona: es el primer proyecto de gran envergadura en más de una década y, según palabras del presidente de Related Group, “elevará aún más el perfil de uno de los vecindarios más emblemáticos del sur de Florida”.

Contexto internacional: ultra-lujo frente al mar

Rivage Bal Harbour forma parte de una tendencia más amplia de desarrollos ultra-lujosos en destinos de playa selectos alrededor del mundo. Cada vez más, los compradores multimillonarios buscan combinar ubicaciones paradisíacas con comodidades de mansión moderna. En ese sentido, Rivage es la respuesta de Miami a proyectos comparables en otras mecas costeras:

  • En la Costa Azul francesa (Riviera), villas tradicionales de súper lujo están dando paso a residencias en edificios exclusivos en lugares como Mónaco o Cannes, aunque con restricciones de espacio. Bal Harbour comparte con la Riviera el concepto de “lujo junto al mar” en un entorno de bajo perfil urbano, pero con Rivage se ofrece la conveniencia de un condominio moderno (seguridad, amenities, cero preocupaciones de mantenimiento) en lugar de una villa independiente.

  • En Dubái, proyectos como One at Palm Jumeirah o Atlantis The Royal Residences ofrecen residencias palaciegas frente al mar con servicios de hotel de ultra-lujo. Si bien Dubái tiene torres mucho más altas, Rivage compite en cuanto a exclusividad por número limitado de unidades y por su entorno natural (playa abierta vs. islas artificiales). Además, a diferencia de Dubái, donde el mar no ofrece tanto oleaje o tradición náutica, en Bal Harbour la experiencia oceánica es auténtica y parte integral de la vida diaria (desde ver amaneceres sobre el Atlántico hasta navegar el Intracoastal).

  • En Malibú, California o Gold Coast de Australia, existen condominios de lujo frente al mar pero suelen ser de menor escala o carecer de la gama de servicios que Rivage promete. Miami, y específicamente Bal Harbour, se está posicionando así en el mapa de los lugares preferidos para invertir en una segunda (o tercera) residencia a pie de playa con características de resort privado. De hecho, un reporte de Savills identificó al sur de Florida como el segundo mercado mundial en residencias de marca (branded residences) tras Dubái, justamente por proyectos como este y otros que combinan playa + marca + lujo. Si bien Rivage no lleva el nombre de una marca hotelera, su propuesta cualitativa compite en ese segmento top.

En síntesis, internacionalmente Rivage se inscribe en la ola de “lujo tranquilo”: edificaciones que privilegian calidad sobre cantidad, privacidad sobre densidad, en lugares de gran belleza natural. Es un contraste interesante con las torres de 100 pisos de Downtown: ambos apuntan al ultra-lujo, pero a públicos tal vez distintos. Quien elige Bal Harbour probablemente valora la serenidad, la exclusividad de compartir el edificio con solo unas decenas de vecinos de perfil similar, y la tradición de la zona (Bal Harbour existe desde 1946 como refugio de élite). En cambio, el que opta por un rascacielos en Brickell quizás busca estar en el epicentro urbano y en un edificio emblemático que redefine la ciudad. Ambos fenómenos coexisten en el Miami actual.

Impacto urbanístico en Bal Harbour y Miami

La construcción de Rivage Bal Harbour refleja cómo incluso las áreas más consolidadas de Miami siguen evolucionando. Bal Harbour, conocido por sus lujosos condominios de las décadas de 1990 y 2000 y por el famoso Bal Harbour Shops (centro comercial de lujo al aire libre), enfrenta ahora una renovación selectiva de su frente costero. Con pocas parcelas libres, los desarrolladores recurren a comprar y demoler edificios más antiguos. En el caso de Rivage, se levantará donde antes había un edificio de departamentos de menor altura, reemplazándolo con uno de estándar mucho más elevado. Esto genera beneficios urbanos: nueva arquitectura de calidad, posibles mejoras en espacios públicos adyacentes (aceras, paisajismo de calle), y un aporte significativo a la base impositiva local (más valor catastral, más impuestos que pueden invertirse en la comunidad).

Sin embargo, en una localidad pequeña como Bal Harbour, los cambios no están exentos de debate. Algunos residentes de larga data expresan preocupación por la “Miami-Beachificación” –es decir, que proyectos nuevos puedan traer más tránsito o alteren la atmósfera tranquila del pueblo. Las autoridades locales suelen ser estrictas en exigir que los nuevos edificios proporcionen suficiente estacionamiento interno (Rivage lo hace con varios niveles de garaje oculto) y que su diseño sea armónico. En este caso, la altura de 24 pisos de Rivage está en línea con la zonificación existente, y su diseño elegante seguramente complementará el skyline sin estridencias. De hecho, al ser una sola torre esbelta en un amplio terreno, probablemente bloqueará menos vistas y brisa que los antiguos edificios más horizontales que reemplaza.

A nivel de ciudad de Miami (y condado), Rivage contribuye a la narrativa actual de boom inmobiliario de lujo. Proyectos así consolidan la reputación del sur de Florida como lugar preferido por compradores internacionales pudientes. Además, cada nuevo desarrollo de esta categoría suele incentivar a otros a renovar propiedades cercanas para estar a la altura. Bal Harbour ya anunció planes de modernizar su emblemático mall Bal Harbour Shops, añadiendo estacionamiento y espacio comercial, en parte para atender a la creciente población adinerada local que residirá en sitios como Rivage. También, los municipios vecinos (Surfside, Bay Harbor Islands) observan estos movimientos: Surfside, por ejemplo, ha visto propuestas de nuevos condominios post-demolición del colapsado Champlain Towers, con estándares inspirados en proyectos de alta gama como Rivage.

En términos de urbanismo regional, Rivage y similares demuestran cómo la expansión del lujo en Miami no es solo vertical en Downtown, sino también longitudinal a lo largo de la costa. Desde South Beach hasta Bal Harbour en unos 15 km se suceden desarrollos de alta categoría, creando un corredor ininterrumpido de bienes raíces prime frente al mar. Esto puede reforzar ciertos desafíos metropolitanos, como garantizar la evacuación eficaz de estas zonas costeras en caso de huracán o enfrentar los efectos del aumento del nivel del mar a largo plazo. Los promotores de Rivage han indicado que el edificio se elevará sobre basamento y cumplirá códigos reforzados post-huracán Andrew, con sistemas de protección contra marejadas y generadores de respaldo, etc., alineándose con las exigencias de resiliencia que Miami-Dade ahora impone.

Conclusión: Rivage Bal Harbour representa un capítulo emocionante en la continua evolución del paisaje de lujo en Miami. Sus avances constructivos significativos subrayan la solidez de la demanda por viviendas exclusivas en ubicaciones privilegiadas, aún en un mercado donde abundan las ofertas de lujo. El proyecto combina la herencia de Bal Harbour –un refugio de élite establecido desde hace casi 80 años– con las tendencias actuales de diseño y servicios de nivel mundial. Una vez completado en 2027, Rivage no solo aportará 56 residencias excepcionales al inventario local, sino que también afianzará a Bal Harbour como uno de los sitios más cotizados para vivir frente al mar en todo el hemisferio.

En el panorama más amplio, la construcción de Rivage refleja cómo Miami logra equilibrar crecimiento y exclusividad: levantando rascacielos imponentes en el downtown y a la vez refinando joyas boutique en áreas residenciales selectas. Cada uno de estos proyectos, grande o pequeño, es un ladrillo más en la construcción de la Miami del futuro, una ciudad que abraza la modernidad sin perder la esencia que la hizo grande. Rivage Bal Harbour, con su nombre evocador de la riviera y su promesa de vida elevada junto al océano, encarna esa visión: Miami como sinónimo de lujo, innovación y calidad de vida tropical, un destino no solo para visitar, sino para quedarse en la cúspide del confort y la elegancia. 



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