En un hecho sin precedentes para el mercado residencial de Miami, el cofundador de Google Larry Page desembolsó a finales de 2025 alrededor de $173,4 millones en la compra de dos mansiones ultra lujosas en Coconut Grove. Esta adquisición dual – que incluye una propiedad apodada “Banyan Ridge Estate” comprada por $101,5 millones y otra cercana llamada “Casa Bahía” por $71,9 millones – constituye una de las inversiones residenciales privadas más grandes en la historia de la ciudad.
Ambas residencias, separadas por apenas un par de kilómetros, suman un portafolio de ensueño: la primera se extiende sobre 4 acres con 13 habitaciones y múltiples estructuras conectadas por jardines tropicales, mientras la segunda, más moderna y con frente a la bahía, ofrece 7 habitaciones en un estilo arquitectónico vanguardista. Más allá de las características opulentas, lo que realmente llama la atención es el contexto de esta inversión: Page concretó las compras en la última semana de diciembre, justo antes de que iniciara 2026, en aparente respuesta a una posible “migración fiscal” frente a un impuesto de riqueza que se debatía en California.
La maniobra de Larry Page se enmarca en una tendencia mayor de éxodo de altos patrimonios desde California hacia Florida y Texas, motivada en parte por consideraciones fiscales. En el caso específico de Page, sus compras ocurrieron días antes de que trascendiera que trasladó la sede de su family office (Koop) fuera de California y reubicó otra entidad de negocios en Florida. El disparador principal: una propuesta de impuesto único del 5% sobre individuos con patrimonios mayores a $1.000 millones en California, que de aprobarse aplicaría a residentes fiscales al 1 de enero de 2026. Esto generó prisa entre multimillonarios por cambiar su residencia oficial antes de esa fecha – en efecto, Page parece haber tomado Miami como su nuevo hogar base para sortear esa carga. No está solo: la agente local Lourdes Alatriste confirma un marcado aumento de consultas de clientes adinerados de Silicon Valley interesados en Coconut Grove y otros enclaves de Miami en las últimas semanas de 2025. “Muchos están atentos al impuesto a la riqueza y buscan reposicionar sus activos, mientras mejoran su estilo de vida… la estructura impositiva de Florida forma parte de la conversación, pero lo que sella la decisión es la combinación de vida frente al agua, privacidad y un mercado de lujo sofisticado pero discreto que ofrece Coconut Grove”, explicó Alatriste.
El impacto en el sector inmobiliario local de movimientos como el de Page es significativo y doble. Por un lado, refuerza la imagen de Miami como refugio de capital y destino predilecto de la élite global. Las compras de este calibre elevan el listón de valores en el mercado de superlujo, estableciendo nuevos comparables para propiedades exclusivas. De hecho, el propio mes de diciembre registró ventas récord en el segmento de mansiones gracias a estas operaciones, situando a la propiedad de Page como la transacción residencial más alta del mes en todo Estados Unidos. Con otros titanes tecnológicos como Sergey Brin (cofundador de Google) explorando también la adquisición de inmuebles en Miami, se espera una cascada de inversiones similares que alimentarán la demanda de residencias de ultra-alto nivel (islas privadas, fincas frente al mar, PH tríplex, etc.). Proyectos de nuevas construcciones de lujo – desde rascacielos boutique en Brickell hasta villas en enclaves cerrados – podrían recibir impulso al saberse que este perfil de comprador está activo en la ciudad. Asimismo, la llegada de estos individuos suele traer inversiones secundarias: oficinas familiares que alquilan espacios comerciales, capital de riesgo invertido en start-ups locales, donaciones filantrópicas a instituciones culturales o educativas, todo lo cual enriquece el tejido económico de Miami.
Por otro lado, estas adquisiciones también ponen de relieve retos y debates en el plano urbano y social. La afluencia de multimillonarios presionando el mercado de lujo puede intensificar la brecha de accesibilidad de la vivienda. Si bien las propiedades compradas por Page estaban ya en el rango ultra premium y no inciden directamente en la oferta general, el efecto irradiación (spillover) de un mercado de lujo boyante puede redirigir recursos y atención de desarrolladores exclusivamente hacia ese sector, en detrimento de proyectos de clase media o asequible. No obstante, cabe señalar que la nueva alcaldesa de Miami, Eileen Higgins, ha indicado que la vivienda asequible será una prioridad (como se aborda más adelante), buscando equilibrar el panorama. Además, el arribo de residentes tan ilustres a barrios tradicionales como Coconut Grove plantea la necesidad de armonizar desarrollos: conservar el encanto y patrimonio histórico de la zona (conocida por su vegetación y ambiente bohemio) a la vez que se incorporan mayores medidas de seguridad, servicios y posiblemente restricciones de privacidad (cierres de calles, vigilancia) asociadas a estos vecinos de altísimo perfil.
Desde una perspectiva de inversión y tendencias, la movida de Page envía un mensaje potente: Miami compite ahora directamente con enclaves como Silicon Valley, Seattle o Los Ángeles para atraer a los tech billionaires. Factores como la ausencia de impuesto estatal sobre la renta en Florida, la atmósfera business-friendly, y la calidad de vida (clima cálido, estilo de vida costero) se han alineado para convertir al sur de Florida en un imán para capitales tecnológicos. Varios gestores financieros han catalogado a Miami como la “Wall Street del Sur”, y podríamos estar viendo una análoga “Silicon Beach” en ciernes con la presencia de figuras como Page o Thiel. De hecho, Peter Thiel y David Sacks – relevantes inversores tecnológicos – anunciaron a fines de 2025 la apertura de oficinas satélite en Florida y Texas respectivamente, cimentando su huida de California. Todo esto apunta a una migración de riqueza que tiene pocas señales de frenarse. Para 2026, es plausible anticipar un aumento en la formación de family offices en Miami, compras de propiedades icónicas (islas en Indian Creek, penthouses en Miami Beach) y una integración mayor de estos actores en la comunidad local (apoyo a hubs de innovación, incubadoras, etc.).
En suma, la inversión de Larry Page en Miami no es solo una anécdota de celebridad inmobiliaria, sino un símbolo de cambio estructural en las corrientes de inversión y migración en Estados Unidos. El sector inmobiliario de Miami deberá adaptarse y responder: desde abogados especializados en residencias fiscales, hasta asesores inmobiliarios capaces de operar en transacciones discretas de nueve cifras, y urbanistas que planifiquen una ciudad que acoja tanto a multimillonarios tecnológicos como a su fuerza laboral. El reto y la oportunidad radican en mantener a Miami como una ciudad abierta e innovadora, donde la llegada de capitales extraordinarios se traduzca en prosperidad compartida y desarrollo sostenible en el largo plazo.