Miami se ha posicionado recientemente como el segundo mercado más importante del mundo en residencias de marca, solo por detrás de Dubái. Las residencias de marca son desarrollos inmobiliarios de lujo asociados a marcas prestigiosas (ya sean cadenas hoteleras, casas de moda o automotrices), que ofrecen a los compradores viviendas con diseño distintivo, servicios cinco estrellas y el prestigio de una marca reconocida.
El auge de este segmento refleja cómo Miami ha evolucionado de ser un destino turístico de sol y playa a convertirse en un imán para la inversión inmobiliaria de ultra lujo a escala global. En este artículo examinamos las cifras que respaldan este fenómeno, los factores que explican el éxito de Miami en este ámbito, comparaciones internacionales relevantes, y cómo esta tendencia encaja en la evolución urbanística de la ciudad.
El mercado global de las residencias de marca está en plena expansión. Según el informe Branded Residences 2025/2026 de Savills, el número de proyectos de este tipo casi se ha triplicado en la última década: de 323 en 2015 a cerca de 910 proyectos para finales de 2025. Este crecimiento interanual estimado del 19% responde al aumento del número de individuos de altos patrimonios a nivel mundial y a su preferencia por propiedades que ofrezcan no solo lujo, sino también una experiencia ligada a marcas de confianza. Tradicionalmente, Norteamérica fue cuna de este concepto (con condominios ligados a marcas hoteleras como Ritz-Carlton o Four Seasons), pero en años recientes la tendencia se ha globalizado.
Hoy, los principales epicentros de residencias de marca incluyen destinos de sol y playa con atractivo turístico y fiscal. Dubái lidera la clasificación global con 64 proyectos de marca ya construidos y 87 en desarrollo, consolidándose como la capital mundial de este segmento. Miami, por su parte, ocupa firmemente el segundo lugar global, con 48 proyectos finalizados y 55 en fase de construcción o planificación. La magnitud de Miami en este rubro supera con creces a otras metrópolis tradicionales: ciudades como Nueva York (tercer lugar, con 36 proyectos combinando existentes y planificados), São Paulo (cuarto lugar, 30 proyectos) o incluso destinos emergentes como El Cairo (que destaca más por proyectos futuros que por existentes) quedan rezagadas frente al dinamismo del sur de Florida.
Este boom global se ha visto impulsado por varios factores. Por un lado, los compradores adinerados buscan diferenciación y confianza en sus inversiones inmobiliarias. Una residencia respaldada por una marca hotelera de lujo, una casa de moda (por ejemplo, Armani, Fendi) o incluso una marca de autos deportivos (como Bentley, que construye un rascacielos de condominios en Miami) proporciona una garantía de calidad y servicio. De hecho, los desarrolladores reconocen que una marca ayuda a vender, pues otorga una narrativa clara del estilo de vida ofrecido. A cambio, los compradores están dispuestos a pagar un premium: en promedio, las unidades de marca se cotizan un 33% por encima de propiedades similares sin marca. En destinos turísticos muy cotizados, ese sobreprecio puede llegar a ser de alrededor del 40%. Esto indica que además del valor tangible (ubicación, metraje, amenidades), los compradores perciben un valor intangible en la marca, ya sea por prestigio, diseño exclusivo o servicios adicionales (concierge, spas, seguridad, etc.).
Miami no ha alcanzado la cúspide de este ranking por casualidad. Varios elementos confluyen para que la ciudad y sus alrededores sean terreno fértil para las residencias de marca:
El portafolio de residencias de marca en Miami es impresionante y diverso. Algunos desarrollos emblemáticos ilustran la variedad de marcas y estilos involucrados:
El auge de residencias de marca ha traído transformaciones visibles en el paisaje urbano de Miami. Barrios como Brickell, Downtown y Edgewater han visto despegar torres lujosas que redefinen el skyline. Al integrar amenidades tipo resort (piscinas panorámicas, spas, restaurantes gourmet) en edificios residenciales, se difuminan las líneas entre hotel y hogar, aportando una atmósfera de ciudad turística permanente. Esto añade vitalidad a zonas céntricas y frente al mar, aunque también genera desafíos como mayor congestión o presión sobre la infraestructura local.
En términos económicos, la prima de precios del 33% que pagan los compradores de residencias de marca implica mayor ingreso fiscal por concepto de propiedad para la ciudad, pero también alimenta la apreciación general del mercado inmobiliario. Si bien esto indica un segmento saludable de lujo, también abre debates sobre la accesibilidad: el énfasis en proyectos de súper lujo puede reducir la oferta de vivienda asequible en determinadas áreas urbanas. Autoridades locales monitorean este efecto y han planteado iniciativas (fondos de vivienda asequible, incentivos para desarrollos inclusivos) para equilibrar la balanza, aunque hasta ahora la demanda de lujo sigue sobrepasando la respuesta regulatoria.
Mirando al futuro, Miami parece bien posicionada para mantener su liderazgo en residencias de marca. Con 55 proyectos en preparación solo en el sur de Florida, la oferta seguirá creciendo en los próximos 2-3 años. Además, la ciudad continúa atrayendo eventos internacionales (Art Basel, Fórmula 1, mundiales deportivos) y reconocimiento global –por ejemplo, fue el tercer destino turístico más buscado del mundo en 2024 según Google– lo que eleva su perfil y atractivo para inversionistas extranjeros. A medida que nuevas marcas incursionan (desde casas joyeras hasta compañías gastronómicas, según tendencias mencionadas por Savills), es probable que veamos conceptos aún más innovadores en Miami, combinando lujo con arte, wellness y tecnología.
Conclusión: La consolidación de Miami como número 2 mundial en residencias de marca es un logro notable que refleja cambios profundos en la economía urbana de la ciudad. Lo que alguna vez fue un destino vacacional se ha transformado en un hub global de inversión inmobiliaria de alta gama. Con un entorno favorable –desde políticas impositivas hasta estilo de vida– Miami ha sabido capitalizar la creciente demanda de propiedades respaldadas por marcas de renombre. Este fenómeno aporta prestigio internacional y desarrollo urbano, posicionando a la ciudad en la élite inmobiliaria junto a Dubái. Si bien existen retos asociados (asequibilidad, sustentabilidad), la tendencia parece firme: Miami seguirá atrayendo a la élite mundial que busca no solo un hogar bajo el sol, sino una experiencia de marca incomparable en su residencia. En última instancia, esta evolución subraya el nuevo rol de Miami en el escenario global: una metrópoli donde convergen turismo, lujo y negocios al más alto nivel, marcando pauta en innovación inmobiliaria para los años venideros.